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¡¡ Muy interesante!!
 
La tensión con Israel, el primer desafío para Benedicto XVI
Para alguien que bromeaba con que convertirse en papa era como si el filo de una guillotina cayera sobre él, Benedicto XVI acometió la tarea con ímpetu, abriendo sus brazos a otros cristianos y a China, aunque se aferra firmemente a la doctrina de la Iglesia.

Pero en sus primeros 100 días, Benedicto XVI también tropezó con la ofensa del Estado de Israel por no haber mencionado los atentados suicidas contra ese país en la condena a los ataques terroristas que el Pontífice realizó en el Angelus del último domingo.

Nimrod Barkan, vocero de la Cancillería israelí, había expresado el descontento de su país y afirmado que "la Santa Sede tiene como política desde hace años no condenar el terrorismo en Israel".

La respuesta no se hizo esperar. El Vaticano advirtió ayer en un duro comunicado que rechazaba las "enseñanzas o directivas" de cualquier "otra autoridad" sobre la "orientación" de sus declaraciones. Calificó de "infundadas" las acusaciones contra el Pontífice por no aludir específicamente al atentado del 12 de julio contra la ciudad de Netanya y recordó las "numerosas y públicas" condenas de Juan Pablo II a los ataques contra Israel.

"Así como el gobierno israelí comprensiblemente no se deja dictar por otros lo que tiene que decir, tampoco la Santa Sede puede aceptar recibir enseñanzas o directivas de alguna otra autoridad sobre la orientación y los contenidos de las propias declaraciones", expresó la oficina de prensa del Vaticano.

La Santa Sede recordó, además, que muchas veces no pudo intervenir a raíz de las "reacciones israelíes -contra los palestinos- no siempre compatibles con las normas del derecho internacional. Habría sido imposible condenar a los primeros y pasar bajo silencio a los segundos".

El reto en su tierra

Todo indica que al Pontífice aún lo aguarda una prueba más ardua: el regreso a su Alemania natal para la Jornada Mundial de la Juventud, en Colonia, el mes próximo. Allí visitará una sinagoga y se reunirá con prominentes religiosos musulmanes, y se lo seguirá de cerca para ver si puede conectarse con los jóvenes como lo hacía su predecesor, el papa Juan Pablo II.

"Nadie espera que sea una superestrella como Juan Pablo II, pero ¿hasta qué punto podrá comunicarse bien con ellos?", preguntó el reverendo Thomas J. Reese, ex editor del semanario norteamericano America, de orientación jesuita.

A causa de incidentes como el suscitado con el padre Reese, que dejó su cargo poco después de la elección pontificia debido a las quejas de que su revista publicaba opiniones contrarias a la doctrina de la Iglesia, muchos creían que Benedicto XVI sería un líder severo, autoritario y con poco carisma para la misión pastoral. No obstante, en los últimos 100 días el Sumo Pontífice ha tratado de desmentir esa versión.

Se mezcló entre multitudes de fieles para saludarlos; bromeó con que sentía como si una guillotina cayera sobre él cuando se daba cuenta de que los votos lo consagraban en el cónclave; firmó autógrafos y posó para la foto con turistas en el monte Blanco en sus vacaciones alpinas.

Unificar a los cristianos y abrirse particularmente a los ortodoxos serían algunos de los primeros rasgos de su papado. Tanto en su primera homilía pontificia como en su primer viaje, el Papa se comprometió a cerrar la grieta de 1000 años con los ortodoxos como un compromiso "primordial".

Esos gestos fueron recibidos con beneplácito: los líderes ortodoxos confirmaron el mes pasado que el diálogo teológico entre las dos iglesias, que fue interrumpido hace cuatro años, podría reanudarse. También lo invitaron a la sede de su iglesia en Estambul, Turquía, pero el Vaticano todavía no ha tomado una decisión sobre el viaje.

Benedicto XVI también parece haber logrado ciertos avances respecto de China: el mes pasado, un nuevo obispo auxiliar fue consagrado con la aprobación tácita del Vaticano.

En China, las iglesias católicas son dirigidas por un grupo que ha sido sancionado por el gobierno y que reconoce al Papa como líder espiritual, pero no mantiene relaciones formales con el Vaticano y designa sus propios obispos.

La consagración de un obispo aprobado por el Vaticano fue considerada un progreso, a pesar de que podría ser remoto aún establecer lazos diplomáticos. Consultado esta semana sobre los progresos con China, que tiene 12 millones de católicos, el Papa expresó: "Estamos esperanzados en que el diálogo prosiga".

Otras preocupaciones son el terrorismo, el avance del secularismo en Europa y la administración de la inmensa burocracia vaticana que, según versiones, Ratzinger podría recortar en los próximos meses.